No hay nada más agradable que las caricias, pero más allá de su connotación de placer, son absolutamente necesarias, pues ellas nos abonan el camino del reconocimiento y la aceptación.
"Acaríciame, con manos locas enloquéceme", solía cantar María Conchita Alonso, una sentencia que además de exacerbar el componente de Eros y hedonismo con las que se vinculan estas naturales y cotidianas prácticas, refrendan la importancia que el hombre suele atribuirles para su vida emocional.
Toda persona necesita ser tocada y reconocida por los demás, de modo tal que así como la necesidad de hambre es satisfecha con la comida, para que el requerimiento de estimulación sea compensado es vital que el sujeto sea acariciado. Según los especialistas, la caricia es cualquier acto que implica el reconocimiento de la presencia del otro, vale decir, cualquier estímulo social dirigido de un ser vivo a otro y que reconoce la existencia de éste.
La psicóloga Gabriela Silva explica que "Las caricias son indispensables para la subsistencia y el bienestar mental del sujeto. Suelen percibirse como el alimento que nutre nuestra existencia afectiva, tanto así que cuando faltan -en grados extremos- durante los primeros años de vida, surge el denominado marasmo, fenómeno fatal que suele llevar a la muerte".
Sin prejuicios
Sin lugar a dudas, las manos son uno de los instrumentos comunicadores por excelencia en el ser humano. La demanda social de que las personas restablezcan la práctica de tocarse, de que los abrazos, los saludos, las caricias o las palmaditas formen parte de la expresión cotidiana de las relaciones humanas, está legitimada por los beneficios que este hábito reporta al desarrollo de la personalidad.
Los estudios al respecto han comprobado que quienes durante su infancia no recibieron caricias de sus progenitores son más propensos a mostrar dificultades para dar o recibir afecto, a conservar una postura corporal rígida y a las limitaciones para expresar su emotividad. De igual manera, exhiben una tendencia a evitar el contacto físico con los demás, a percibirlo como algo inapropiado. Son vistas como personas distantes. Pareciera que estos sujetos manifiestan una mayor dificultad que la habitual para sentirse queridas y aceptadas por los otros. Esta incapacidad puede acarrear problemas en el uso de sus habilidades de comunicación y en la gestión de la agresividad.Toda persona necesita ser tocada y reconocida por los demás, de modo tal que así como la necesidad de hambre es satisfecha con la comida, para que el requerimiento de estimulación sea compensado es vital que el sujeto sea acariciado. Según los especialistas, la caricia es cualquier acto que implica el reconocimiento de la presencia del otro, vale decir, cualquier estímulo social dirigido de un ser vivo a otro y que reconoce la existencia de éste.
La psicóloga Gabriela Silva explica que "Las caricias son indispensables para la subsistencia y el bienestar mental del sujeto. Suelen percibirse como el alimento que nutre nuestra existencia afectiva, tanto así que cuando faltan -en grados extremos- durante los primeros años de vida, surge el denominado marasmo, fenómeno fatal que suele llevar a la muerte".
Sin prejuicios
Sin lugar a dudas, las manos son uno de los instrumentos comunicadores por excelencia en el ser humano. La demanda social de que las personas restablezcan la práctica de tocarse, de que los abrazos, los saludos, las caricias o las palmaditas formen parte de la expresión cotidiana de las relaciones humanas, está legitimada por los beneficios que este hábito reporta al desarrollo de la personalidad.
Recientemente, un grupo de investigadores pudo demostrar científicamente que las caricias calman el dolor de los niños y que resultan eficaces para tratar determinados problemas y enfermedades, la depresión, el autismo o mejorar la sociabilización infantil. Al respecto, los estudios evidenciaron que esta costumbre logra activar un grupo de receptores nerviosos alojados bajo la piel, cuya respuesta inhibe la actividad de aquellos.
En conclusión, dígale adiós a los pruritos morales de tocar en público y empiece a prodigar la comunicación táctil, ya que al practicarla estaremos estimulando la interacción humana, creciendo como personas y forjando la autoestima.
Clases de caricias
Se pueden manifestar de mil formas y recibirse en cualquier momento. Su intensidad y permanencia varían de acuerdo a quien las emita y quien las recibe. Sin embargo, los expertos en estas lides suelen clasificarlas según estos criterios:
- Por su influencia en el bienestar: adecuadas o inadecuadas.
- Por la emoción que generan: positivas o negativas.
- Por los requerimientos para darlas o recibirlas: condicionales o incondicionales.
- Por el medio de transmisión: físicas, verbales, gestuales o escritas.
Es recomendable detectar las principales fuentes de caricias, para lo cual deberá pensar en las personas más allegadas que suelen suministrarle reconocimiento y afecto. En consecuencia:
- Detecte, por orden de importancia, a las tres personas que funcionan como su principal fuente de caricias actualmente.
- Medite si la relación es recíproca; en otras palabras, si recibe en una medida similar a la que da.
- Imagine que pierde la primera fuente de caricias ¿Cómo la sustituiría? ¿Y si faltaran también las otras, qué haría?
Es primordial tener diversas fuentes de caricias y suministrarlas es el camino más directo y confiable para obtenerlas.
En la pareja
En el rito amoroso las caricias juegan un papel clave, formando parte del performance íntimo. Estas pueden connotar cosas muy diversas:
Fogosas en el regazo: Implican una fuerte necesidad de intimidad contenida.
En el cabello: Indica amor tierno y sincero si los dedos juegan con mechones a manera de peinar. Si son jalones de pelo, podría tratarse de algún tipo de resentimiento.
En los labios: Una demanda apasionada, indica que la intimidad es lo más importante para esa persona.
En las manos: Solicita solidaridad y complicidad.
En el rostro: Si se abraza el rostro con una mano mientras se besa, indica que el amor es profundo y limpio. Si al besar las manos son inexpresivas, seguramente la mente está muy lejos.
En el cuello: Una manera suave de invitar a la pareja a relajarse y disfrutar de una intimidad más intensa. El cuello es una zona erógena, los latidos del corazón se hacen eco y el nerviosismo de quien recibe la caricia se hace más evidente. Oculta un profundo contenido erótico.
Señas: r
Revista Estampas Octubre 2010.
Gabriela Silva Méndez, psicóloga
